#378, un oasis gastronómico en el microcentro porteño

En plena avenida Corrientes, entre Talcahuano y Uruguay, el verano arde y el tráfico es indetenible. Como si de un oasis se tratara, frente al teatro Metropolitan se encuentra el Novotel Buenos Aires y en su interior vibra el Restaurante Patio #378.
Tras pasar el amplio lobby, la pileta al fondo aparece en todo su esplendor. En el límite de aquel espacio se yergue una verdísima estampa que cubre, con 378 macetas de distintas especies vegetales, el ancho paredón que se asemeja a un fresco.
Antes, una barra de tamaño importante, más activa hacia la noche, indica el sector gastronómico y acompaña la entrada del Patio #378, una de las apuestas del grupo hotelero Accor para atender tanto a huéspedes como a visitantes.
El espacio, con capacidad para 60 cubiertos, tiene un diseño especial, con espacios compartimentados para distintos tipos de grupos. Allí, el servicio del personal se despliega mientras los comensales -cada uno en sus tiempos y necesidades- consumen no sólo el menú habitual sino una atracción especial que ya cumple 4 años y sigue siendo atractiva: La vie en rose, una merienda vespertina para dos personas y que es objeto de esta reseña.
Según el Jefe de Alimentos y Bebidas del Novotel, el sommelier Germán Inglese, tras 15 años de existencia del hotel se han producido muchos cambios en el gusto de los clientes a los que han trabajado por corresponder. Hacía falta no sólo una merienda clásica, habitual en los hoteles de categoría de la ciudad, sino un complemento de opciones dulces y saladas que permitiera pensar en un brunch para los distintos tiempos de estadía.
Con un lustro de experiencia en el cargo, Inglese se muestra atento a los detalles y explica la calidad, laboriosidad y valor agregado de la propuesta que va variando cada cuatro meses. En enero de este año decidieron matizar las opciones saladas para equilibrar la patisserie francesa, finamente presentada en una moderna fuente de mesa que agrada a la vista. Se complementa con bebida caliente (té o café) a seleccionar, jugo de naranja natural y dos copas de espumoso de la etiqueta Trivento Brut Nature.
Cuenta Inglese que el servicio es uno de los fuertes del establecimiento. Junto con el chef ejecutivo, Facundo Díaz (cuya expertise ya ha sido probada por Accor, debido a su cargo de sub chef de Alma, en el Sofitel de esta ciudad), se intercala un personal de servicio de mesas y una barwoman en el bar, cuyos cocteles ya son famosos entre los habitués. Por cierto, cada trago lleva nombre de mujer, destacándose en ese sentido de las opciones del entorno.
En un mundo tan dinámico como el de la megalópolis porteña, la posibilidad de hallar un espacio calmo para reuniones personales o profesionales es un plus. No sólo está abierto Novotel al público general por las tardes. También ofrecen la posibilidad de disfrutar del desayuno y de las otras comidas fuertes. Así lo sabe la cantidad de artistas que trabajan en el espectáculo, en diversas salas teatrales de los alrededores, y que allí recalan al finalizar sus funciones.
Y en ese momento se entiende a la perfección el concepto mundano que adquiere Patio #378, pues los tiempos que corren lo han convertido no sólo en un referente de la buena mesa, sino en un escenario alternativo para encuentros de distinta naturaleza, como cumpleaños, degustaciones de vino o performances.
Tras una detallada charla sobre las cualidades de La vie en rose, queda más que claro el concepto 360° de Novotel: la espectacularidad de su ubicación (sueño cumplido de algunos visitantes que recorren por primera vez a Buenos Aires) es coherente con la versatilidad de sus propuestas: destacan las mini quiche lorraine y unos pan de chipa con lomito y cebolla caramelizada, así como las Lunettes ganache de chocolate blanco, geleé de maracuyá y vainilla, cuyo punto de acidez es perfecto.
El placer de la atención y del sabor, unido a la estratégica ubicación del lugar convirtieron la tarde veraniega en un momento fresco y delicioso. Y queda, como siempre, decir que el solaz provoca la vuelta pronta tras asistir a algún musical o disfrutar, allí mismo, de próximos espectáculos que sabremos divulgar.
Pueden leer con más detalle sobre la merienda La Vie en rose aquí
Por Marsolaire Quintana para Latitud 2000