Entre el estrés, las pantallas y la rutina acelerada, hay un ritual que nunca pasa de moda: el té. Más que una bebida, es un momento de pausa que conecta con el bienestar. Cada taza guarda beneficios que la ciencia confirma: ayuda a la salud cardiovascular, favorece la digestión y acompaña hábitos de autocuidado que cada vez más personas valoran.
El 21 de mayo, Día Internacional del Té, nos recuerda que esta tradición milenaria sigue vigente en todo el mundo. Desde su importancia cultural y económica hasta su rol en la vida cotidiana, el té se convierte en un aliado para quienes buscan equilibrio y energía natural.
Ya sea verde, negro, rojo o de hierbas, cada variedad ofrece un viaje sensorial y saludable. Y lo mejor: es un ritual accesible, simple y universal, que invita a frenar, respirar y disfrutar.
“Más allá de lo cultural o lo social, el té es una bebida asociada a distintos beneficios para la salud gracias a sus compuestos antioxidantes naturales”, explica la Lic. Patricia Mariela Chávez (MN 10039 / MP 6252), nutricionista de DIM Centros de Salud.
Mucho más que una infusión
El té contiene polifenoles y otros compuestos bioactivos que ayudan a proteger las células frente al daño oxidativo. Además, aporta minerales y contiene menos cafeína que el café, algo que muchas personas buscan actualmente para reducir el exceso de estimulación cotidiana. “Algunos estudios también muestran potenciales beneficios cardiovasculares, un leve apoyo al metabolismo y posibles efectos positivos sobre la concentración y la microbiota intestinal”, agrega Chávez.
En los últimos años, la microbiota intestinal comenzó a ganar protagonismo dentro de la medicina y la nutrición por su relación con la inmunidad, la digestión, el metabolismo e incluso el estado de ánimo. En ese contexto, distintos estudios investigan cómo ciertos componentes del té podrían favorecer el crecimiento de bacterias beneficiosas en el intestino.
Verde, negro o rojo: ¿son todos iguales?
Aunque muchas veces se los agrupe bajo el mismo concepto, no todos los tés tienen las mismas propiedades. Las diferencias dependen principalmente del nivel de oxidación de las hojas luego de la cosecha. “El té verde es el menos procesado y conserva una mayor cantidad de antioxidantes. El té negro atraviesa una oxidación más alta y también presenta propiedades antioxidantes y antiinflamatorias. En cuanto al té rojo, algunos estudios sugieren un posible efecto beneficioso sobre el metabolismo y la digestión, aunque todavía se necesita más evidencia científica”, detalla la especialista.
También cambia el contenido de cafeína. Mientras una taza de té verde contiene aproximadamente 28 mg, el té negro puede alcanzar unos 47 mg, aunque estos valores dependen del tiempo de infusión y del modo de preparación.
Una pausa que también impacta en el cuerpo
Además de sus propiedades nutricionales, el té suele estar asociado a momentos de pausa y desaceleración, algo que hoy cobra un valor especial en contextos de estrés sostenido y sobrecarga mental. “El modo en que consumimos alimentos y bebidas también forma parte de la salud. Muchas veces, preparar una taza de té implica detenerse unos minutos, bajar el ritmo y generar un pequeño momento de bienestar dentro de la rutina”, señala Chávez.
En relación a los horarios, la especialista recomienda consumirlo preferentemente durante el día, ya que, aunque contiene menos cafeína que el café, puede afectar el descanso nocturno en personas sensibles.
¿Hay personas que deberían moderar su consumo?
Si bien el consumo moderado de té suele ser seguro para la mayoría de las personas, existen algunos casos en los que conviene prestar atención. “Quienes tienen sensibilidad a la cafeína, insomnio, palpitaciones o determinadas arritmias deberían moderar su ingesta. También las embarazadas, mujeres en período de lactancia y personas con anemia por deficiencia de hierro, ya que el té puede disminuir la absorción de hierro si se consume junto con las comidas”, explica la nutricionista.
Lejos de las modas pasajeras, el té parece consolidarse como un hábito que combina bienestar, tradición y salud. Una pausa simple, cotidiana y accesible que, en tiempos de vértigo permanente, vuelve a encontrar su lugar.
Con el asesoramiento de la Lic. Patricia Mariela Chávez (MN 10039 / MP 6252), nutricionista de DIM Centros de Salud.
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