Este 31 de enero, Pepito, uno de los bodegones más queridos y antiguos de Buenos Aires, cumple 76 años y sigue tan vigente como siempre. Desde 1950, este clásico porteño ubicado en la calle Montevideo —a pasos de la mítica avenida Corrientes— mantiene viva la esencia del bodegón tradicional, ese que mezcla historia, porciones abundantes y un espíritu bien argentino.
El nombre tiene raíz asturiana: así se llamaban entre sí, con cariño, los paisanos del fundador, Don Manuel Cardín. En sus inicios, Pepito abría las 24 horas y ofrecía platos españoles que, con el tiempo, se fueron adaptando al paladar porteño y al de los turistas que llegan buscando “platos de bodegón” auténticos.
Hoy, su carta es un festival de clásicos: milanesas gigantes en tamaños S, M y L para compartir, pastas caseras, carnes a las brasas, empanadas, tortillas, rabas, puchero y esos sabores caseros que hacen que uno vuelva. Además, Pepito mantiene el espíritu BBB: no cobra cubierto, ofrece menú sin TACC y cada mediodía presenta un menú ejecutivo abundante con entrada, principal, bebida y postre o café.
Entre los platos más pedidos por los visitantes extranjeros está el famoso Bife Malevo: un bife de chorizo con morrón a la parrilla, huevo frito, papas y una provoleta dorada que conquista a cualquiera.
Otro diferencial es su carta de vinos, sorprendentemente amplia para un bodegón tradicional. Allí conviven etiquetas de bodegas como Falasco, LoSance, La Libertad, Laura Catena y los clásicos de siempre, una propuesta que encanta al paladar extranjero.

Pepito también es parte del ADN cultural porteño. Por sus mesas pasaron artistas, políticos, deportistas y figuras de la farándula
Su ubicación, a metros de los teatros, lo convierte en punto de encuentro para el mundo artístico y para turistas de Brasil, Uruguay, Chile, Paraguay y Perú, que llegan buscando carne argentina, tradición y buena atención.
Hernando Ochoa, mozo histórico con 35 años en la casa, lo resume así: “Vienen a conocer nuestras costumbres y nuestra gastronomía. La carne y los vinos de Pepito siempre sorprenden”.
Los mozos, muchos con décadas de experiencia, son parte del encanto: escuchan historias, recomiendan obras y funcionan como guías improvisados para quienes visitan la ciudad por primera vez.
El chef Daniel Coceres, con casi 30 años en la cocina, destaca que los nuevos dueños sumaron pastas caseras, parrilladas y milanesas especiales, manteniendo la tradición pero ampliando la propuesta para atraer a nuevas generaciones.
Pepito, bodegón a las brasas desde 1950, sigue siendo un pedazo vivo de la historia gastronómica porteña.
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