Amaicha del Valle volvió a vibrar con una de esas celebraciones que te abrazan el alma. La Fiesta Nacional de la Pachamama, en su edición número 78, transformó al valle en un gran escenario de tradición viva, música, aromas ancestrales y esa energía única que solo el Norte argentino sabe regalar.
Entre cerros rojizos y un cielo que parece más grande que en ningún otro lugar, miles de visitantes se sumaron a una jornada donde la fe, la identidad y el carnaval se mezclan sin pedir permiso. El momento más esperado llegó con la elección de Doña Eva Pastrana de Arréguez, nuevamente distinguida como Pachamama, símbolo de fertilidad, protección y abundancia para toda la comunidad. Su emoción, su historia y su rol espiritual le dieron a la fiesta un brillo especial.
Pero Amaicha no solo honra a la Madre Tierra: también invita a vivirla. Hubo música folclórica, desfile de carrozas, juegos de carnaval, nieve artificial, talco, serpentinas y ese clima festivo que convierte a cada visitante en parte de la celebración. Familias, viajeros curiosos, amantes del turismo cultural y quienes buscan experiencias auténticas encontraron aquí un destino que late fuerte.

El Ente Tucumán Turismo acompañó con presencia institucional, informantes, promotoras y acciones de promoción que reforzaron la importancia de este evento como motor del turismo cultural y económico de los Valles Calchaquíes. Porque Amaicha no solo emociona: también impulsa el desarrollo local, fortalece a sus prestadores y consolida un producto turístico que crece año tras año.
Si buscás un viaje que combine tradición, naturaleza, comunidad y una identidad que se siente en cada gesto, Amaicha del Valle es ese lugar donde la Pachamama te espera con los brazos abiertos.