Brasil se prepara para mostrar al mundo su lado más auténtico: siete pueblos llenos de historias, paisajes y tradiciones que laten en cada rincón. Desde las sierras de Minas Gerais hasta las casonas coloniales de Rio Grande do Sul, pasando por jardines floridos y comunidades que viven el turismo como parte de su día a día, estas localidades fueron nominadas al Best Tourism Villages 2026 de ONU Turismo.

Araçá, Conceição de Ibitipoca, Delfinópolis, Holambra, São José do Barreiro, Lençóis y Vila Flores representan un Brasil a escala humana, donde la hospitalidad se mezcla con la vida comunitaria y cada visitante se convierte en parte de la historia.

El reconocimiento internacional no solo premia la belleza de sus paisajes, sino también la capacidad de conservar tradiciones, fortalecer la identidad cultural y abrir oportunidades para quienes habitan allí. En diciembre, Buenos Aires será escenario del anuncio que podría colocar a estos pueblos brasileños entre los mejores destinos rurales del planeta.

Un viaje a estos lugares es mucho más que turismo: es entrar en contacto con raíces vivas, con la esencia de un país que sabe transformar su diversidad en experiencias memorables.

SIETE FORMAS DE VIVIR BRASIL
 
1. Araçá (Porto Belo, Santa Catarina)
Ubicada dentro de un área de protección ambiental en el litoral de Santa Catarina, la Vila do Araçá mantiene una profunda relación con la pesca artesanal y la gastronomía elaborada con productos del mar. A bordo de embarcaciones tradicionales o recorriendo senderos cercanos a la costa, los visitantes se acercan a conocimientos transmitidos de generación en generación. Las mareas, las rutas marítimas y los sabores locales dan sentido al paso por este territorio.
 Cómo llegar: Araçá se encuentra en el litoral de Santa Catarina. Se puede llegar por carretera desde Florianópolis o Navegantes, ciudades que cuentan con aeropuertos y conexiones con otros destinos brasileños.
2. Conceição de Ibitipoca (Lima Duarte, Minas Gerais)
Montañas, calles de pueblo y paisajes naturales se encuentran en Conceição de Ibitipoca, en la Sierra de Mantiqueira. Las referencias de los antiguos caminos del ciclo del oro todavía forman parte de su identidad. En los alrededores, el Parque Estatal de Ibitipoca reúne senderos, grutas, cascadas y formaciones rocosas en recorridos que combinan aventura, memoria y contemplación. 
 Cómo llegar: Para quienes llegan en avión, Belo Horizonte y Río de Janeiro funcionan como puertas de entrada. El viaje continúa en automóvil hasta el destino.
3. Delfinópolis (Minas Gerais)
En una de las regiones naturales y gastronómicas más emblemáticas de Minas Gerais, el turismo contribuye a poner en valor los paisajes, a los productores y los conocimientos preservados por la población de Delfinópolis. El Queijo Minas Artesanal da Canastra y el Café da Canastra reflejan la conexión entre origen, saberes y territorio. En los alrededores, el Parque Nacional de la Sierra de Canastra amplía el itinerario con senderos, cursos de agua y escenarios ideales para el ecoturismo y las actividades de aventura.
 Cómo llegar: Ubicada en el sudoeste de Minas Gerais, Delfinópolis cuenta con acceso por carretera desde ciudades como Franca y Ribeirão Preto, en São Paulo, o Uberaba, en Minas Gerais.
Brasil
4. Holambra (São Paulo)
Conocida como la Capital Nacional de las Flores, Holambra conserva referencias de la inmigración neerlandesa en su arquitectura, gastronomía y celebraciones culturales. Campos coloridos, propiedades rurales y experiencias vinculadas con la producción acercan a los visitantes a una actividad que forma parte de la historia y la vida cotidiana de la ciudad.
 Cómo llegar: Holambra se encuentra a unos 130 kilómetros de la ciudad de São Paulo y se puede acceder por carretera. El Aeropuerto Internacional de Viracopos, en Campinas, es la principal puerta de entrada aérea de los alrededores.
5. Lençóis (Bahía)
Uno de los principales puntos de partida para conocer la Chapada Diamantina, Lençóis conserva su patrimonio y otorga nuevos significados a su propia historia a través del turismo. Cascadas, cavernas, ríos y cañones forman recorridos de naturaleza y aventura. A lo largo de ellos, guías, habitantes y pequeños emprendedores acercan a los viajeros al territorio y contribuyen a transformar la actividad en una fuente de ingresos y valorización cultural.
 Cómo llegar: Lençóis se encuentra a unos 400 kilómetros de Salvador y se puede llegar por carretera desde la capital de Bahía. La región también cuenta con un aeropuerto que recibe vuelos regionales.
6. São José do Barreiro (São Paulo)
Entre el Valle de Paraíba y la Sierra de Bocaina, São José do Barreiro reúne haciendas, casonas y construcciones históricas rodeadas de montañas, cascadas y áreas preservadas de Mata Atlántica. El Sendero del Oro recupera antiguos caminos que conectaban el litoral con el interior, mientras que la gastronomía y la producción artesanal mantienen viva la relación con el entorno rural.
 Cómo llegar: Desde São Paulo o Río de Janeiro, el viaje continúa en automóvil hasta São José do Barreiro. Para conocer algunos atractivos de la Sierra de Bocaina, puede ser necesario contratar transporte local o utilizar vehículos adecuados para recorrer caminos de tierra.
7. Vila Flores (Rio Grande do Sul)
Sabores, música, memoria y convivencia dan forma a la experiencia en Vila Flores, en la Sierra Gaúcha. El legado de la inmigración italiana continúa presente en la gastronomía, el turismo rural y las prácticas comunitarias. Una de las expresiones más representativas de esta identidad es el Filó Italiano. Inspirada en los encuentros que las familias realizaban después de la jornada de trabajo, la celebración reúne comidas, cantos e historias compartidas entre generaciones.
 Cómo llegar: Vila Flores se encuentra a unos 180 kilómetros por carretera en dirección a la Sierra Gaúcha. La capital de Rio Grande do Sul funciona como una de las principales puertas de entrada aérea para quienes continúan viaje hacia la región.
Brasil
Más allá de competir por un reconocimiento internacional, las siete candidaturas muestran cómo las pequeñas comunidades pueden ocupar un lugar destacado en el turismo mundial sin renunciar a su identidad. Al poner en valor sus patrimonios, paisajes, conocimientos y modos de vida, estos destinos amplían las posibilidades de conocer Brasil a través de caminos en los que el viaje también se transforma en encuentro, sentido de pertenencia y generación de oportunidades.

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