La mayoría de las organizaciones no fracasan por falta de esfuerzo. Fracasan por falta de dirección.
En el sector turístico esto es especialmente visible. Se invierte en campañas, se prueban acciones, se contratan proveedores, pero muchas veces no existe un criterio claro que ordene las decisiones.
Cuando no hay dirección estratégica, el marketing intenta ocupar ese lugar. Y no puede. El marketing amplifica, pero no ordena. Sin una dirección clara, cada acción se vuelve reactiva y aislada.
La dirección estratégica no es un documento ni un plan anual. Es una forma de pensar. Es el criterio desde el cual se decide qué se hace, qué no se hace y por qué.
Cuando ese criterio no existe, todo parece urgente. Todo parece prioritario. Y en ese escenario, las organizaciones se desgastan sin avanzar.
Dirigir es ordenar decisiones antes que acciones. Es animarse a priorizar incluso cuando incomoda. Es sostener un rumbo aunque aparezcan dudas o presiones externas.
Muchas veces, una mirada externa no viene a traer respuestas técnicas. Viene a devolver claridad. A ayudar a ver lo que desde adentro ya no se ve.
Cuando aparece la dirección, el marketing deja de ser ruido y empieza a tener sentido. Y la organización recupera foco.
Hernan Couste
Marketing Turístico | Estrategia Competitiva | Consultor & Speaker Internacional