¿Sabías que entre El Calafate y El Chaltén se puede caminar entre los restos de un bosque de hace 100 millones de años? A mitad de camino, hay un lugar que guarda una historia que pocos conocen: los restos de un antiguo bosque que existió mucho antes de que se formara la Cordillera de los Andes.
Hoy, entre las bardas y la estepa, enormes troncos petrificados y restos fósiles aparecen a la vista y permiten viajar millones de años atrás.
Una historia escondida a pocos kilómetros de una de las rutas más transitadas de la Patagonia.
Antes de los glaciares existió un bosque
En la estepa de Santa Cruz, a mitad de camino entre El Calafate y El Chaltén, el paisaje guarda una historia mucho más antigua que la cordillera y los glaciares.
La Ruta 40 avanza hacia el sur como una línea trazada sobre la estepa.
A un lado y al otro, casi nada parece cambiar. El viento mueve los pastos bajos, el relieve del terreno se recorta contra el cielo y, de tanto en tanto, aparece una manada de guanacos o de choiques. Es el paisaje que uno espera encontrar en Santa Cruz: inmenso, austero, silencioso.
Cerca de El Chaltén, la cordillera aparece como una joya en el horizonte y atrae cada año a miles de visitantes. Frente a tanta imponencia, la estepa puede parecer apenas el paisaje que hay que atravesar para llegar a las montañas. Pero conviene mirar mejor.
A pocos kilómetros de la ruta, basta caminar unos minutos para descubrir una presencia inesperada. Algo que obliga a detenerse y comprender que esta Patagonia no siempre fue así. El suelo empieza a llenarse de formas extrañas. Primero parece que son piedras. Después aparece un tronco. Y luego otro. Y otro más.
Pero no son piedras. Son árboles. Árboles convertidos en piedra hace más de 100 millones de años.
En medio de la estepa, donde hoy cuesta imaginar que algo pueda crecer demasiado, alguna vez existió un bosque. Un territorio de clima mucho más cálido y húmedo, cubierto de vegetación, habitado por grandes reptiles y atravesado por procesos geológicos que nada tenían que ver todavía con la Patagonia que conocemos.
La Cordillera de los Andes aún no dominaba el horizonte. Los glaciares estaban muy lejos de existir.
Ese mundo desapareció. Pero no del todo. Parte de él quedó atrapado en la piedra.
Un bosque escondido a la vera de la Ruta 40
El Bosque Petrificado La Leona se encuentra aproximadamente a 110 kilómetros de El Calafate, sobre el camino que une este destino con El Chaltén.
Miles de viajeros recorren esa ruta cada temporada. Algunos van en busca del glaciar Perito Moreno. Otros avanzan hacia las montañas del Fitz Roy. La mayoría simplemente sigue camino.
Y, sin saberlo, pasa muy cerca de uno de los capítulos más antiguos de la historia natural de la región.
No hay grandes carteles ni una construcción monumental que anuncie el lugar. La llegada tiene algo de secreto. La estepa continúa extendiéndose alrededor y, al principio, cuesta entender qué puede haber allí.
Entonces comienza la caminata. El terreno se abre en una sucesión de desniveles y formaciones erosionadas por el agua y el viento. La superficie, aparentemente desnuda, empieza a revelar pequeñas señales de otra época: Una textura, una corteza o la forma inconfundible de un tronco.
Y de pronto la imaginación hace el resto: allí donde hoy sólo hay arcilla, roca y pastos bajos, alguna vez hubo árboles.
Cuando la Patagonia era otra
La primera sorpresa es el tamaño.
Los troncos petrificados no son pequeñas curiosidades desperdigadas entre las piedras. Algunos superan el metro de diámetro. Están tendidos sobre el terreno como si un bosque entero hubiera caído allí y alguien hubiese detenido el tiempo.
Pero el tiempo no se detuvo. Pasaron más de 100 millones de años.
La madera fue desapareciendo lentamente y los minerales ocuparon su lugar, conservando las formas de aquellos árboles. Lo que queda hoy es una especie de huella tridimensional de un mundo perdido.
Donde ahora hay estepa, alguna vez hubo bosques. El clima era más cálido y húmedo y la vegetación cubría buena parte del territorio. Los Andes todavía no existían como los conocemos y los glaciares eran un futuro remoto.
Resulta extraño caminar por un paisaje tan árido y pensar que alguna vez hubo sombra. Quizás por eso los primeros troncos sorprenden tanto. No parecen pertenecer a este lugar.
Un paisaje que todavía cambia
Hay otra particularidad que hace del bosque algo más que un museo al aire libre. La historia no está cerrada. El viento y el agua continúan erosionando las capas del terreno y, poco a poco, vuelven a dejar expuesto lo que permaneció oculto durante millones de años. El paisaje cambia lentamente, casi sin que se note.
Un resto vegetal. Una textura. Un fragmento de hueso. El pasado sigue apareciendo.
Por eso caminar por La Leona tiene algo de exploración. No se trata solamente de seguir un sendero y contemplar un paisaje. También hay que mirar dónde poner los pies, detenerse frente a una forma inesperada y aprender a distinguir una piedra de algo que alguna vez estuvo vivo.
El tiempo de los hombres
Después de millones de años de historia natural, resulta inevitable pensar en nuestra propia escala.
Muy cerca del bosque, el Parador La Leona cuenta una historia mucho más reciente. Durante décadas fue un punto de paso para quienes se internaban en la Patagonia cuando atravesar estos territorios era todavía una aventura.
Aquí conviven, casi sin esfuerzo, dos escalas del tiempo: la de los viajeros, las estancias y las viejas historias de frontera; y otra que se mide en millones de años.
Quizás sea justamente ese contraste lo que hace tan particular a este lugar.
Mirar de otra manera
La Experiencia Orígenes es quien invita a conocer esta historia de contrastes, y nace de una idea simple: el paisaje puede contarse.
Durante la caminata, los guías ayudan a leer las huellas que quedaron expuestas en el terreno y a reconstruir, a partir de ellas, cómo fue cambiando este territorio.
Entonces la estepa deja de parecer vacía. Cada formación empieza a tener un origen. Cada tronco, una historia. Cada capa del terreno, una parte del pasado.
Al final, un picnic espera en medio de la inmensidad.
Después de caminar entre árboles que existieron mucho antes que los Andes, resulta difícil volver a mirar la Patagonia de la misma manera.
La Ruta 40 sigue allí. El camino hacia El Chaltén también.
Pero ahora hay algo más que acompaña el viaje: la certeza de que, debajo de esta tierra aparentemente vacía, alguna vez creció un bosque.
“La mayoría de la gente llega pensando que va a ver piedras con forma de árbol. Pero al terminar la caminata entiende que, en realidad, estuvo recorriendo un capítulo fundamental de la historia de la Tierra. Eso cambia completamente la forma de mirar el paisaje”, cuenta Norberto Morresi, creador de la experiencia.

Información adicional del Bosque Petrificado La Leona
Experiencia interpretativa para descubrir un antiguo paisaje de la Patagonia, entre troncos petrificados, restos fósiles y formaciones geológicas de más de 100 millones de años.
Origenes Experiencias – Mail: origenes@morresiviajes.com.ar
Texto: Diana Vereertbrugghen
Fotografías de Florian von der Fecht