Conversamos con Christopher Cernetti, al frente de este establecimiento, con una experiencia dilatada en el campo gastronómico. Cordobés de nacimiento, ha pasado varios años en la capital argentina dedicado al rubro. En este proyecto tiene la compañía de la chef Alejandra Fernández, artífice de la carta que disfrutan cada día los comensales.
¿Estás en Siete Ríos desde el inicio?
-Sí, desde el minuto cero. Lo armamos junto a Samuel, dueño de El Casal de Catalunya y mi entonces jefe, quien me propuso crecer con este proyecto.
¿Siempre te orientaste al sector hispano, hacia España?
-Soy de Córdoba, donde me dediqué a la coctelería. Al mudarme a Buenos Aires, me introduje en restaurantes y siempre caí en ese ámbito.
¿Por qué el nombre Siete Ríos?
-Consideramos tres opciones. Balvanera, por la Virgen de Balvanera (con v corta) de La Rioja, pero en Montserrat podía confundirse con el barrio. Laurel, por la calle de Logroño, pero existe Casa Laurel en Chascomús. Finalmente, Siete Ríos evoca la provincia de los Siete Valles cruzados por ríos, como el Ebro, en una comunidad uniprovincial.
¿Por qué este lugar, cerca del Centro Riojano?
-En El Casal recibimos propuestas para dirigir restaurantes de centros españoles. Aquí, contiguo al Centro Riojano —cuyo restaurante gestionamos—, conectamos con el Grupo Ría, reencuentro de iberoamigos descendientes de españoles. Sumamos su cava propia de vinos.
¿Cómo es el proyecto de vinoteca?
-Estamos por lanzar una vinoteca con varias etiquetas. Usaremos dispensers para probar vinos por copa, ideal si una botella cuesta 150 mil pesos y solo querés degustar. Planeamos eventos: degustaciones, comida por pasos, tapeo, arte y vino, tarot y vino.
¿Cuál es el plato que define Siete Ríos?
La cazuela, estilo zarzuela con papas y huevo frito, o la parrillada de mar argentino. Usamos variedad: pesca blanca del día, abadejo (producto noble), lenguado, salmón y truchón patagónico. Es cocina ibérica mediterránea con toques argentinos.
¿Hacen cochinillo?
Sí, al estilo segoviano: lenta cocción en horno con cerdos de menos de 5 kilos. Usamos adobo de la chef, marcado a baja temperatura (120-150°C por hora y media), sellado final y crujiente. En casa es posible con horno grande; cocinamos en unas 2-3 horas, pero requiere reserva por frescura —nada precocido.
¿Vienen muchos grupos de amigos?
-Sí, cumpleaños y festejos. El espacio invita a juntarse, atendiendo a la comunidad.
¿Cómo fue la transición de El Casal a Siete Ríos, dos regiones distintas?
-Ambas comunidades merecen igual respeto. Trajimos platos de El Casal y clientes itinerantes buscan cocina española. Valoramos el contacto cercano.
¿Cómo es tu día a día frente a Siete Ríos?
-Dinámico y lindo. El mediodía atrae oficinistas; la noche varía. Ejemplo: Dani (un cliente que está en una mesa vecina) viene tres veces por semana.
¿Cómo formaste el equipo?
-Algunos vienen de antes; otros de un restaurante amigo que cerró. Ahora somos unos diez. Capacidad: 70-80 personas cómodas, con mesas holgadas e íntimas. Pronto, cuatro mesas arriba para la winoteca y dos mesones abajo.
¿Platos de entrada?
-Pan tumaca (un pan de campo con ajo, tomate, oliva y jamón crudo nacional). Tomate de estación con boquerones, anchoas, aceitunas y olivas. Chipirones con piperra (pimientos salteados, a veces romesco de pimientos, tomates y ajos asados). Tortilla española al momento para sabor fresco. Para apurados: milanesa con papas fritas. Nada precocido; adaptamos los tiempos.
Más info en @sieterios.ba