El 18 de junio, Día Internacional del Sushi, no es solo una fecha gastronómica: es una invitación a viajar con los sentidos.
Desde los arrozales asiáticos donde nació como técnica de conservación, hasta las calles de Tokio en 1820, el sushi fue moldeando su identidad. Cruzó el Pacífico reinventado en Los Ángeles en los 70 y en Argentina encontró su propia voz: palta, queso crema y delivery que hoy lo convierten en uno de los favoritos de Latinoamérica.
Pero la experiencia no termina en el plato. El sushi pide escenario: paisajes que acompañen su frescura. Imaginá una mesa frente al mar en la Patagonia, un balcón con vista a los viñedos salteños o una terraza urbana con horizonte porteño. Cada bocado se potencia con el entorno, y ahí está la magia turística: el sushi como pasaporte a lugares que despiertan emoción.
El desafío está en la copa. Ese quinto sabor, el umami, choca con los tintos y los vuelve metálicos. ¿La solución? Un Torrontés salteño, fresco y floral, que acaricia al pescado crudo sin opacarlo. El maridaje perfecto existe, pero se revela solo cuando paisaje, copa y plato se encuentran en armonía.
Para el viajero foodie, el sushi no es solo comida: es un viaje sensorial que une cultura, naturaleza y placer.
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Marina Di Rocco – @marinasommelier
Sommelier egresada de la Escuela Argentina de Vinos (EAV)